Si me hubieran pedido escribir una carta de amor, quizá me habría burlado.
Tras besos tecleados, el silencio de la fragilidad.
La farsa de lo firme remite siempre a algo de nosotros,
aunque cortemos, a cada segundo, el rojo ansioso de recomenzar.
Quisiera oír que alguien sonríe sin la conexión de lo transcurrido,
pero entiendo que los signos nos limitan resiliencias,
que no advertimos que un día despertamos
y no hay nadie para levantar el cuerpo
de la vergüenza de mantener la rabia de lo humano,
que a nivel de presente intemporal no existen sucesiones,
que a lo mejor somos la misma persona
que no ha muerto desde el principio de los tiempos.
(No e’ lo mismo, pai,
un deambulante escapa de su labio.)
Pediría cincuenta mil
para la belleza
en que insiste lo insistente.
Por otro lado, los muertos de la letra: espían las voces que se escapan del redil.
Entran en los museos junto con sus cavernas, y salen con sus cavernas,
Triunfantes de que nadie pudo ver lo que Era.
Siempre me encuentro desplazado respecto de mí mismo,
pero no pido consistencia a lo que reconozco superior.
Wednesday, February 3, 2010
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me gusta mi estado!!!
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